Con la captura de Fabricio Colón Pico, alias Capitán Pico, jefe de la organización criminal Los Lobos, en el gobierno de Daniel Noboa pide un último suielto criminal: José Adolfo Macías Villamar, alias Fito. Ambos delincuentes se fugaron de los centros penitenciarios que se encontraban recluidos ante la mirada inamovible del Estado. Sus delirios de fuga se llevan a cabo con motivo del recién llegado Gobierno de Daniel Noboa de Negro, en medio de una ola de violencia en las cárceles y en las calles que termina con la declaración del conflicto armado interno para permitir la militarización de la seguridad.
En la escala de criminales peligrosos en Ecuador, Fito está en la cabeza de todo. Es el líder de Los Choneros, la organización criminal más antigua del Ecuador. Hubo una vez que Los Choneros, quienes nacieron en Orillas del Pacífico, en el sector conocido como 7 Puñaladas, en la ciudad de Manta, tenían la hegemonía del crimen del país. Habían logrado desaparecer de las bandas rivales Queseros y Corvicheros, que eran clanes familiares dedicados al robo y al narcotráfico. Era la época en la que las disputas por el territorio no surgían desde las primeras líneas de los barrios y las pandillas guardaban ciertos códigos como no hay niños.
La guerra entre bandas suscitada provocó que algunas personas influyeran hasta el punto de extinguirse, lo que permitió a Los Choneros, cuyo símbolo es un machete, soltarse tanto que puede convertirse en un mito. Si decidiera que fueron los primeros en crear una escuela de sicarios en las montañas de la costa humana, esa zona rural a la que nadie apunta. La policía siempre lo sospechó, como lo hace ahora del entrenamiento de asesinos en el campo en Durán, la ciudad tomada por el crimen organizado en Guayaquil, pero nunca ha podido desarticular a estos sindicatos del crimen.
Los Choneros estaban dispersos por todo el país y esto les permitió abrir vías para el tráfico internacional de drogas a través del Cartel mexicano de Sinaloa. Es la primera vez que la Policía identifica su vinculación con la estructura de El Chapo Guzmán. En este mundo creció el criminal José Adolfo Macías. Su nombre pasó a ser la mano derecha del capo que dirigió Los Choneros durante varios años y constituyó la hegemonía del crimen en el país: Jorge Luis Zambrano, alias Rasquiña. Rasquiña fue asesinado en diciembre de 2020, en un centro comercial de la ciudad de Manta, un mes después de salir de prisión. El trono vacío que dejó Rasquiña para crear una guerra que se desató a machetazos en la Penitenciaría del Litoral. Se cortan el pelo, las extremidades y tienen que soltarles el pelo a sus amigos para sacrificar el corazón con la mano como trofeo de la crueldad que muchas veces les hacían sus reyes. Hasta entonces, nunca antes se había derramado tanta sangre en una celda. Murieron 80 personas y 48 horas de reuniones.
A partir de ese momento se crearon dos nuevos dirigentes: Junior Roldán, alias JR, y Fito. Ambos participan en los crímenes de los presos. Pero Fito, de 44 años, tiene 14 procesos judiciales por distintos delitos, entre ellos robos, delincuencia organizada, tenencia de armas y asalto. Entre todas, resume la pena máxima que permitió el legislador ecuatoriano a 34 años de prisión, de quienes sólo cumplieron 12 recluidos en la celda regional de Guayaquil, su fortaleza. La Regional está bajo el dominio total de Los Choneros, donde las autoridades deben pedir permiso para ingresar. Los participantes que vivían en el vagón regional disfrutaron de todo tipo de privilegios, mujeres, botellas de whisky, puros, drogas, gimnasio, piscina, fiestas con pirotecnia en los cumpleaños de los dirigentes, hasta un equipo profesional de cámaras para captar un videoclip de Fito. Se trataba de un narcocorrido para demostrar su poder sobre el Estado, que no había tenido oportunidad de retenerlo durante un mes en la celda de máxima seguridad de La Roca, después de que ésta se transformara el 12 de agosto de 2023 en un operativo en el que participaron 3.000 policías y militares. participó. Fito siguió el orden de un juego para devolvérselo seguido de su fortaleza.
De su prisión, Fito escapó vestido de negro. No se sabe la fecha exacta, pero cuando las autoridades tomaron conocimiento de su utilidad, fue el día 7, cuando un grupo de militares y policías ingresó para actuar como operador de control de objetos prohibidos. Faltaba él y cuatro personas más. El Gobierno conocía muy bien los detalles de la fuga o si se trató de una fuga, el presidente Noboa reveló en entrevista que en los dos últimos gobiernos el delincuente más peligroso «entraba y subía como Pedro de su casa en el Penitenciario». Así que pude salir sin dificultad, ante la mirada de los guardianes que creían que querían, pero esta vez no fue así. “Nadie sabía que Fito quería escapar”, le dijo la ministra del Interior, Mónica Palencia a los allí reunidos que la llamaron para responder por las acciones y omisiones que permitieron escapar a Fito. Cuatro meses después no hay respuesta al respecto. El Gobierno luego de decir que se había fugado porque había filtrado la información que le habría sido trasladada.
Esta es la segunda fuga de Fito. En febrero de 2013, Macías y otros 15 compañeros de la banda de Los Choneros, entre ellos el líder del grupo, Rasquiña, se fugaron de La Roca, donde hoy se reunieron en prisión con el exvicepresidente Jorge Glas tras la reunión diplomática entre Ecuador y México. Durante 10 meses fueron los delincuentes más buscados del país, hasta que fueron encontrados por la policía. Para algunos analistas de seguridad, Fito está rearmando a los Choneros desde la clandestinidad. Su captura será un trofeo más para el gobierno de Noboa, que mantiene su popularidad gracias a su dura lucha contra el crimen. Como esto no sucede, Fito es quien ríe el último. Ecuador hoy no ha podido echarle el guante.
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