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Dic
Ibtisam Al Yanun abre el coche delante de su casa en Yenín, cerca del puñado de ladrones y de la arena que esconde a estos jóvenes en los lugares, uno a 15 metros del otro, donde el ejército israelí se ha colocado ante el miedo de los palestinos. Adam Al Ghul, de 8 años, y Basil Abu Al Wafa, de 15 años. No reparó las heridas de bala ni limpió los restos de sangre seca. “Mi marido no quiere. Dice que la sangre de un mártir es una bendición”, asegura. Es el mismo Hyundai blanco con el que Bahaa detiene…
